Reflexiones

Volver

Llevo dos meses queriendo vomitar este post. Algo me pasa que es un poco dificil de entender, y más aún, difícil de explicar.
Mi compañero tomó durante el viaje por USA la dura desición de tener que comunicarme que “el viaje llega hasta Colombia”. Fue muy difícil para él tener que decírmelo. Sus motivos son personales y relacionados al trabajo, razones de peso que a mí me tocó comprender y apoyar con empatía.
Y aunque estemos casados, él no corta mis alas y hasta me dió la libertad de continuar viaje sola, cosa que ni si quiera medité, porque el viaje era de los dos. Yo planifiqué, visualicé y soñé cada uno de esos rincones junto a él. Me encanta viajar sola y seguro volveré a hacerlo algún día, pero esta travesía era de ambos, y terminarlo sola hubiese sido más bien un capricho. Salimos juntos y volveremos más unidos que ese 4 de dic. del 2012.

Días antes de partir...y uno de los días más felices de nuestras vidas.
...Pero algún día había que volver.

Ahora, tampoco les voy a negar lo duro que implica para mi renunciar a un sueño.
Generalmente soy ese tipo de personas que se entusiasma con un tema y con la misma pasión, pierdo interés al poco tiempo…Excepto con los proyectos laborales relacionados a mi carrera como actriz, y sobre todo en el plano viajes. Cuando un destino se me pone entre ceja y ceja, no descanso hasta estar ahí. Y este volver, es de alguna manera, mi primer “fracaso” como viajera. Le “fallé” a Ecuador, Perú y Bolivia…pero esos 3 latinos que también están esperando conocerme, se quedarán ahí, esperando…no se moverán de ahí. Somos vecinos, no son para nada caros, y nos conoceremos en el momento que tenga que suceder.
De principio el plan era volver a casa por tierra. Entrar a Chile por el norte, desde el altiplano boliviano.
Pero volvimos en un avión, desde Bogotá, Colombia.
Veo el mapa, y cuando veo todo lo que me salté, me dan ganas de llorar.
Para que entiendan un poco más lo que siento por haber vuelto antes, voy a poner de ejemplo esto que viví en el techo del mundo:
Cuando estábamos en Nepal haciendo nuestro trekking por los Himalayas, el último día, estaba con las piernas apenas, me dolía una rodilla y mi andar me recordaba paso a paso que tengo un juanete que a veces frena mi andar. Me prometí terminar el recorrido y llegar (como fuera) a la meta. Cuando faltaban 3 horas de caminata, habían unos jeeps que ofrecían caer en la tentación de volver en 30 minutos. Pero dije NO!
Haber tomado ese jeep, me haría sentir que no lo logré. Después de todo lo que había caminado en 4 días, no podía fallar en ese tramo final.
Hoy, el volver a casa se siente un poco así. Como si ese avión fuera ese jeep que te acerca rapidito al destino final.
La idea era llegar a casa por tierra, de a poco, lentamente, atravesando países que hace tiempo tengo postergados…y que una vez más, porque el destino así lo quiso, seguiré postergando (pero no por mucho tiempo)

Bienvenido a la “realidad” (?)
Como si todo lo vivido estos casi 2 años fuese parte de un mundo de fantasía. Ya se me hace inconcebible y hasta ridículo que alguien hable de “realidad” si vive inmerso en una sola, habiendo tantos universos en este diverso mundo!! La realidad es el mundo entero señores!! No se si exista algo más real que conocer y aprender de otras culturas y realidades diferentes a la tuya. Es más, considero más burbuja quedarse para siempre en un solo lugar, encontrando “normal” y socialmente aceptado únicamente lo conocido que te rodea, o escapar de tu rutina dos semanas al año para ir a una maqueta llamada resort que no representa en absoluto la realidad del lugar.
Viajar es una buena forma de sacarte de tu zona de confort y abrir tus ojos y mente, y esto te permite descubrir la suerte que te tocó a ti, cuando observas realidades de países pobres, que han sufrido genocidios, que viven en condiciones precarias de salud y educación, niños que trabajan a una edad en la que deberían estar jugando y gente de tercera edad que sigue trabajando cuando debería estar descansando y disfrutando su jubilación y últimos años de vida… y pese a todo eso, se ven felices!!
Qué significa entonces “bienvenido a la realidad”?
Creo que la visión de la realidad es super deprimente…te pasa algo malo y escuchas “bueno, así es la vida”. Todos los días se oyen frases tontas como “el que te quiere te aporrea” o “ella con su vida perfecta lejana a la realidad, tiene que aterrizar”.
Tanto el afortunado de vida “perfecta” o el que no tuvo tanta suerte, tiene sus propias realidades. No es más real la vida de quien lo pasa mal, ni menos real la de quien le ha tocado más fácil. Y es así como existen miles de otras sub realidades que uno puede observar cuando ve/vive distintas culturas (sobre todo aquellas que son opuestas a la de uno)
Incluso cuando cuento cómo son las cosas en Canadá, la gente nos responde “osea, casi un mundo de fantasía” y sí, reconozco que hasta yo he llamado a Vancouver como “neverland”, porque cuesta creer que un país sea tan civilizado y funcione como reloj suizo. Pero eso no significa que India, por ejemplo, sea “the real life” y Canadá sea “Alicia en el país de las maravillas”…solo son 2 realidades y mundos diferentes…opuestos, pero diferentes.
“Bienvenida a la realidad”…jamás será una frase dicha por viajeros, esos locos patiperros ya han tenido fuertes dosis de realidad, por eso a estas alturas hasta me parece normal que esa frase sea dicha por los asiduos al “all inclusive”, ya que una vez fuera de ahí y de vuelta a casa, ellos sí que tienen que volver a su dura realidad, que por lo demás, no tiene nada que ver con la mía.

Miedos, ansiedad e ilusión…
Temo que el volver signifique que mi cámara se guarde por un buen rato en el clóset. Este último tiempo se ha convertido en mi amiga inseparable. Creo que a ella tambien le dará una “depresión post party” y sentirá unas ganas inaguantables de volver a ver la luz y los colores de los diversos paisajes a los que fue “sometida” este último tiempo.
También me asusta no tener fuentes de inspiración para seguir escribiendo en el blog de lo vivido. Aún tengo material pendiente de Asia, Canadá y del viaje presente. Pero escribir desde un lugar que no es el mío, es lo que mantiene mi creatividad despierta.
También está el tema laboral. Quiero lograr hacer algo por gusto y no por necesidad. No va conmigo eso de ser esclava de algo que detesto, sólo por un sueldo.
Me aterra y al mismo tiempo me llena de ilusión la maternidad, y con mi compañero nos sentimos más listos que nunca, pero al mismo tiempo es difícil enfrentar tanta presión y no saber qué responder ante la clásica preguntita del millón: “y la guagua cuándo?” y probablemente cuando venga el primero, la pregunta será cuando viene el segundo. Dios santo! quién me mandó a nacer en un país de cultura tan metiche.
Creánme, no es nada fácil ser mujer, de casi 34 años y vivir en una sociedad como ésta, y más encima ser la “revelada anti sistema” que siguió un camino tan no tradicional. Eso por ejemplo, es algo que extraño de Canadá…allá NADIE se mete en tu vida. Acá, te invaden/presionan con preguntas de índole demasiado personal para mi gusto. Así que las preguntas en relación a lo laboral, al qué voy a hacer de mi vida y mis períodos fértiles, son MI problema!! Gracias por la preocupación…

Volver también implica varias cosas que me llenan de ansiedad e ilusión: reencontrarme con mis amigas y familia, conocer a mi sobrino de año y medio y a mi sobrina de un mes de vida, volver a ver a nuestro gato Benito y asumir que nunca más veré a mi gata Thelma. Crear nuevos proyectos viajeros y buscar nuevos caminos que me lleven a cumplir mis próximos sueños. Crear una nueva rutina, pero diferente a la convencional. Estoy tomándome el regreso con mucha calma, sin apurar los procesos, ya que es ahí cuando uno toma malas decisiones que van en contra de mi propio ritmo, que es bastante más pausado que el de la mayoría.

No se trata de dónde estés, sino de dónde quieres llegar.

“No llores porque terminó, sonríe porque lo viviste”
Leí esa frase en un muro de Colombia, días antes de volver. Fue una señal que dibujó en mí, una nostálgica sonrisa.
Estoy infinitamente agradecida de haber vivido todo esto. Abrimos nuevas puertas, al experimentar una nueva forma de vida, al ver culturas lejanas y extremadamente diferentes a la nuestra, conocimos gente maravillosa que se cruzó por nuestro camino, probamos nuevos sabores, nos desafiamos a nosotros mismos en contextos casi opuestos al habitual. Descubrimos nuestro propio ritmo de vida y en qué entorno nos sentimos más cómodos. Se nos abrió un abanico de posibilidades gigantesco que jamás hubiésemos conocido de habernos quedado en casa. Experimentamos la libertad de una vida sin televisión ni celulares, y eso nos permitió conectarnos como pareja y con nosotros mismos.
Creo cada vez más en que es posible una vida fuera del molde y siento una fuerte convicción de que habernos permitido vivir esto es la mejor desición que hemos tomado en nuestras vidas (como individuos y como pareja).

No fue nada fácil dejar a la familia, los amigos, casa, negocio, auto, gatos, la seguridad y estabilidad económica. Pero recién hoy, descubro, que comparado con volver, haberse ido no fue nada.
Pero siempre es necesario volver a nuestro lugar de origen, ya extrañábamos demasiado a los nuestros, y después de dos años, era necesaria una pausa. Nunca ha sido mi intención irme de viaje a conocer todo el mundo de una…prefiero hacer varios viajes y en cada uno de ellos explorar un trocito.
Volver a Chile después de un viaje, siempre fue para mí, un período de transición, algo así como la previa a un próximo viaje. Sólo que los viajes anteriores fueron de 3 meses, no de 2 años. Nunca viví fuera, menos en un país que tiene todo lo que siempre soñé para el mío. Y esa será una de las partes más duras de enfrentar. Estoy insoportablemente crítica, todo lo que funciona a medias en mi ciudad, me hace recordar lo maravillosamente bien que funcionaba todo por allá. Tengo que hacer un esfuerzo sobrenatural desde que nos fuimos de Vancouver, por no comparar, pero me es imposible. Pero en vez de achacarme, hago el trabajo de verlo con humor y con la conciencia de aceptar y darme cuenta de lo afortunada que soy por haber sido parte de esa hermosa realidad. Y también conciente de que en mi país, las cosas están bastante mejor que en otros países sudamericanos.
Sin duda alguna, la que se fue hace dos años no es la misma que volvió. En escencia, soy la misma, lo sé…pero es inevitable regresar sin una nueva mirada y percepción de las cosas.
Como dice el refrán de Nelson Mandela: “No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuánto has cambiado tú”.
Por otra parte, siento que vivir en un lugar que no me atrae, me obliga a no estancarme, a no acostumbrarme y a mantenerme en movimiento. Y por el contrario, esa era la peligrosidad de quedarse a vivir en Vancouver, nos gustaba a tal nivel, que quedarse pegado para siempre, dejar de viajar y ponerse ambicio$o, trabajólico y caer sin casi darnos cuenta en la matrix, era crónica de una muerte anunciada.

Sólo un adicto/a a los viajes lograría empatizar con todo lo que me pasa. La mayoría no lo entiende, y no los juzgo…hay que vivirlo para saber lo que todo esto implica. Porque lo mío no es un escapar de la rutina, no es un mero deseo de salir de vacaciones. Lo mío ya es un estilo de vida, logré hacer de mi sueño una realidad, que va más allá de conocer paisajes bonitos o coleccionar timbres en el pasaporte, es más un conocerme a mí misma y coleccionar momentos inolvidables, conocer gente con otras costumbres, formas de vida y de pensar. Mi deseo es irme de este mundo habiendo experienciado vivencias enriquecedoras, únicas, increíbles e irrepetibles…y hasta ahora, ese deseo está más que cumplido.
Creo que la responsabilidad más grande que tenemos en este paso por la vida, es ser felices y hacer feliz a quienes amamos. A mí, viajar es sin duda lo que me hace más feliz, y por el contrario, la rutina y quedarme en un solo lugar demasiado tiempo, por muy increíble que sea ese lugar, es apagar esa llama que me mantiene prendida, con ganas de aprender, descubrir, desaprender y comprender el maravilloso mundo que nos rodea. Y la realidad, repito, es el mundo entero y sus subrealidades (las bonitas y las que no lo son tanto).

Y créanme, prefiero haber vivido todo esto, pese a todos los miedos e incertidumbres que conlleva nuestra vuelta, que haber dejado de hacerlo por seguir el camino tradicional o simplemente por miedos.
Nos animamos a dejar todo atrás, para tenerlo TODO por delante.

Después de todo, volver…no es más que un volver a empezar…y aunque eso parezca un retroceso, al menos para mí, eso de partir de cero es una nueva oportunidad, que sin dudas viene llena de sorpresas y nuevas experiencias gratificantes y enriquecedoras.

Quizás también te interese leer esto:

Comentarios

No hay comentarios aún

Comentar