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Trekking en Sapa (y una noche muy especial)

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Sapa es un lugar que queda en el norte de Vietnam casi pegadito al sur de China. Es un valle que queda entre las nubes y que parece sacado de una postal.

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Repleto de refugios de montaña y de mujeres de minorías étnicas en la calle intentando vender a los turistas paseos por el valle que generalmente son con estadía de una noche en sus casas.

 

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Después de instalarnos en una pieza con una vista increíble al valle por 10 dólares (poco menos de 5 lucas la noche), nos fuimos a explorar…hasta que después de decir “no, gracias” muuuchas veces a estas chicas de la tribu Hmong, conocimos a Xi.

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Nos ofrecía lo mismo que sus “colegas”, con la diferencia que ella se ganó un sí, acepto, por parte nuestra.
Quedamos de juntarnos al día siguiente y ahí estaba ella, puntual y sonriente.
Partimos caminando a las 10 am. y el trekking que se nos venía era maravilloso! Cada vez se iba poniendo más bonito el camino, el valle nos regalaba vistas espectaculares de sus terrazas de arroz y los saludos amorosos de los niños que nos cruzamos, nos alentaban a seguir.

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Después de varias horas atravesando bosques de bambú y las nubes mismas, llegamos a las 17 hrs. a la casa de Xi y su familia. Xi tiene marido y 3 hijos. 2 niñitas preciosas que me miraban curiosas y un niño que no nos dió ni bola. Su casita era de bambú con piso de tierra.

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Tenía una sencillez envidiable que por momentos nos hizo reflexionar y cuestionar nuestra forma de vida en Chile, que carecía de lujos, pero al mismo tiempo era muy lejano al minimalismo y sencillez con la que ellos enfrentan su día a día. Viven de sus cultivos de arroz, de sus chanchos y aves… y bueno, de los turistas que aceptan irse con ella de trekking.
Al caer la noche, mientras comíamos, Xi nos hablaba de que vendrían sus amigos. No entendíamos muy bien qué se venía. Acaso haría una fiesta esta mujer? Nosotros estábamos cansados y nuestro único plan en mente era dormir y despertar descansados para la caminata del día siguiente.
Pero no siempre las cosas salen como uno las imagina, y después de comer en familia, la casita se llenó de unas 8 personas. Nuestra cama estaba en un rincón del living, asi que asumimos que tendríamos a alguno de sus invitados sentado a nuestros pies.

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Hasta ahí, todo parecía “normal”…
Pero al rato, Xi nos dice que si queremos ir al baño que salgamos ahora (el baño estaba afuera) porque las puertas de la casa se clausurarían (!?) Ok, pensamos nosotros, y sin tener ganas, ni entender mucho, nos obligamos a hacer pipí.
Después, el marido de Xi con uno de sus amigos, se pusieron a excavar un hoyo en el suelo de plena casa a 1 metro de nuestra cama!!
Por mientras, desde afuera de la casa, se sentían unos chillidos de chancho muy agudos y angustiantes.
Otros 2 amigos, traían un lechoncito que una vez dentro de casa, se hizo pipí del susto por saber lo que se le venía…Y lo que se venía era evidente: iban a faenar frente a nosotros a este desafortunado chanchito. Quizás si yo hubiera nacido en el campo, esa escena no me habría chocado tanto, pero no lo soy, y sin duda me impactó, aunque nuestra cara de poker era para no creerlo. No quisimos mirar todo esto ni con asco ni con cara de “Ay que terrible”. No había nada que juzgar, ya que estábamos en SU terreno y ese chanchito no era su mascota, sino su fuente de alimento…así de simple.
No quiero dar detalles, pero en este hoyo que cavaron en el suelo, fueron echando los desechos de sus intestinos! Así es…se comen absolutamente TODO! Cabeza a la olla, sus interiores y hasta la sangre del animal era la sopa de este campestre banquete, al que por supuesto dijimos “nooo graaacias”.
No somos vegetarianos ni mucho menos, y la verdad, pese a lo fuerte de ver a un pobre chancho chillando mientras lo faenaban, consideramos que es bastante más honesto y puro hacerlo de ese modo que como se hace en las ciudades. A mi por momentos me dió pena el animal, pero después pense: acaso me dio pena comerme el curry de pollo el día anterior? como crees que llegó a tu plato?
Si al final, cualquier cosa que no estemos acostumbrados a ver o hacer, es lógico que produzcan un impacto en nosotros.
Nunca supimos si esto era una especie de ritual, celebración o qué, pero la puerta siguió clausurada toda la noche y cuando sí nos dieron ganas de ir al baño, fuimos a hacer pipí donde hacían todos: en la cocina. Sí, ahí mismo…en el suelo de la cocina. (no se imaginen la cocina tipica occidental por favor)
Por supuesto que esa noche no dormimos nada y por suerte que ese hoyo que cavaron no fue para echar nuestros restos.
Al día siguiente nos levantamos con un cansancio tremendo y sin mucha energía para emprender la vuelta de 9 kilómetros en subida de regreso a Sapa. Nuestra Xi estaba con una caña de tanto “happy water” (algo así como un licor de arroz tan fuerte como el agua ardiente) y lo seguían tomando al desayuno, pero se volvió con nosotros y terminó su trabajo de lo más bien…es más, nosotros íbamos muertos y ella ni sudaba! La costumbre no? ese camino era pan de cada día para ella, pero para nosotros, una de las caminatas de nuestra vida.

Una breve pausa en e camino
Una breve pausa en e camino

Tuvimos la posibilidad de irnos de vuelta a Sapa en moto, pero quisimos llegar a la meta y tomarnos en serio el desafío. Y lo logramos! Entre el kilómetro 5 y el 8 me dieron ganas de tirarme valle abajo y mandar todo a la punta del cerro, pero puse todo mi esfuerzo y este trekking fue para nosotros un entrenamiento para el más grande trekking de nuestras vidas: Los himalayas en Nepal en el techo del mundo, que haremos en mayo.
Sin duda, fue una noche que nunca olvidaremos y hasta ahora, una de las más especiales de este viaje.

Este artículo fue escrito para Faro.Travel, la comunidad más importante de viajeros en Chile, con un número considerable en aumento de adictos a los viajes…y nuestra misión es que todos se infecten, y que esta enfermedad, les salve la vida.

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