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Carretera Austral

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Hay un rincón del mapa que todo viajero debiese transitar alguna vez en su vida. Una ruta sinuosa, llena de obstáculos para los ciclistas y vehículos que no son 4 x 4. Pero la aventura tiene sus desafíos, y quien quiera huir de las entretenidas curvas peligrosas, que mejor tome el camino lleno de certezas que seguro lo llevará a un all inclusive caribeño.


Da igual si vas en pleno verano. Prepárate para al menos, 3 estaciones por día. Las lluvias llegan sin aviso. La tediosa calamina de sus rutas de ripio soltarán las piezas de tu auto-combi-casa rodante-bici-moto o el medio de transporte que decidas usar.
Esta guía está basada en nuestra experiencia. Y toda vivencia es personal y va de la mano con los gustos de cada uno. Si recomendamos un tramo específico de la carretera es porque a nosotros nos pareció espectacular, ya sea porque ese día nos tocó precioso, o justo se nos cruzó gente hermosa que embelleció nuestro camino o simplemente porque ese día los planetas se alinearon y aquellos rincones nos dieron la bienvenida con arcoiris, cascadas y salmones a lo pobre. Nuestro viaje por la carretera austral fue además muy particular porque la transitamos en una furgoneta, nuestra querida “Chirimoya”, con todo el tiempo del mundo a nuestro favor, en un viaje continental sin fechas de retorno, con nuestro gran compañero patiperro, el Facu, y en una época del año en que ya todos vuelven a casa. La libertad de un viaje sin apuro y en tu propia casita con ruedas te obliga a olvidar los calendarios y relojes. Duermes donde se te antoja. Comes cuando tienes hambre y no cuando es “la hora de comer”. Avanzas a la velocidad del paisaje, tomas desvíos inesperados y viajar así es un lujazo que te permite asimilar cada rinconcito con calma. Sólo la necesidad de una ducha caliente nos hizo pagar por un par de campings que recomendamos a ojos cerrados:
– Camping Bosque nativo en Hornopirén. 3.000 pesos por persona la noche. Ducha caliente. Sitios con bastante separación entre unos y otros, con techo para quienes anden con carpa (importante para no mojarse bajo la lluvia) El lugar es precioso, amplio, familiar, a orillas de un río color verde esmeralda. También hay sitios aptos para casas rodantes. Aceptan a tu amigo de 4 patas :)

– Camping Los Avellanos. 3 km al norte de La Junta. 4.000 pesos por persona la noche. Es más pequeño el terreno. Ducha de agua caliente y baños impecables. Administrado por el encantador Don Miguel y su señora. Venden maravillosas verduras de su huerto. También aceptan a tu mascota que podrá jugar con cachupín y la regalona Luli.
Esos han sido los únicos alojamientos que hemos pagado en 2 meses de viaje. Los precios demuestran que también se puede recorrer la patagonia chilena con un presupuesto bajo. Por supuesto que hay campings más baratos, pero seguramente sin las comodidades anteriormente mencionadas. Pero para que te hagas una idea, las cabañas en marzo que aún es temporada alta, rondan los 60.000 pesos en promedio la noche (cabañas para 4 personas max.) Por lo mismo recomendamos a ojos cerrados arrendar una furgoneta si andas en pareja o una casa rodante para grupos más grandes. Hoy es bastante popular la compañía Wicked Campers, aunque desconozco sus precios. Así, duermes a orillas de un lago o río color turquesa, en un tupido bosque con puentes colgantes, o a bajo la fresca custodia de un glaciar. Te cocinas tú mismo y no pagas por cada plato un promedio de 5.000 pesos chilenos (casi 10 dólares!!) ni tampoco dependes de horarios de buses o de un buen samaritano que te lleve cuando decidas levantar el pulgar.
Los más osados y con buen estado físico, lo hacen en bicicleta y no puedo llegar a imaginar lo durísimo que puede llegar a ser pedalear en caminos de piedra y barro, con subidas matadoras, lluvias y vientos que impiden avanzar, llegar cada tarde a montar campamento, dormir con frío y desmontar al día siguiente…uff!! De pensarlo me agoto… Para quienes finalmente lo hagan en 4 ruedas: POR FAVOR!! Pasen lento y alejados de los viajeros en bici!! Seamos empáticos y consideremos el peligro al que los exponemos si un viento los sacude. Muchos autos pasaban rajados y muy cerca de éstos y la nube de polvo que les dejaban me dolía el alma desde la comodidad de mi asiento. Algunos ciclistas viajeros que conocimos nos contaban cómo el viento los botó al suelo más de una vez y que en un par de veces casi fueron atropellados!!! Respeto, cuidado y empatía amigos!! Y si vemos a alguno detenido en el camino, no cuesta NADA detenerse y preguntarle si está todo ok o ofrecerle agua 😉

It´s nice to be nice 😎
La mítica carretera austral o ruta 7 es una locura enmarcada por bosques milenarios, nubes locas pintarrajeadas por un viento con libertad de expresión, cascadas, lagos y ríos color turquesa y verde esmeralda, montañas filudas que usan glaciares de sombrero, y muchas curvas cerradas y peligrosas…CUIDADO amigos!! ya vimos algunos autos volcados!!!

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El nacimiento de este alucinante camino nace en Puerto Montt, justo en esa parte de Chile que comienza a desmenuzarse geográficamente hablando. El primer cruce en ferry que deberás hacer es de caleta la arena a caleta puelche, pudiendo llegar a este último por tierra, bordeando el estuario de reloncaví, que pasa por Cochamó y Puelo, dos joyitas que también recomiendo, pero que no son parte de la ruta 7.
Desde Caleta Puelche comienza hacia el sur un camino precioso que culmina en Hornopirén. Una vez más los caminos son interrumpidos por islas que flotan entre fiordos, montañas y penínsulas perdidas y vírgenes. La opción es cruzar en transbordador desde Hornopirén a Caleta Gonzalo, uno de los puntos más famosos de la carretera austral, puerta de entrada norte al parque pumalín, uno de mis favoritos y de gran belleza escénica. Con ese carácter rústico, que pese a ser turístico, parece ser vírgen y con senderos construidos por duendes. Recomiendo el sendero alerces y el de las cascadas escondidas. Caleta Gonzalo cuenta además con campings muy bien equipados y baratos. Para quienes anden con su casita a cuestas, pregunten cerca del embarcadero si pueden hacer noche en el estacionamiento, que, si bien los letreros prohíben acampar, a nosotros nos dejaron sin problema alguno. Recuerda dejar limpio y cuidar el entorno y patrimonio natural y cultural. La flora, fauna y demás viajeros lo agradecerán. Hagamos un turismo responsable. No dejemos más huellas que las de nuestras pisadas. POR FAVOR!!

DSC_0349Parque Pumalín

Nuestro viaje siguió hacia Chaitén, esa ciudad que renació de las cenizas que dejó el desastre volcánico del 2008. Desde ahí, y gracias a la lluvias de los días anteriores, comenzamos un camino donde perdimos la cuenta de las cascadas y caídas de agua que vimos. Cuando la luz se nos estaba por ir, nos desviamos hacia la izquierda de la carretera por una entrada que anunciaba “Puerto Cárdenas” que resultó ser una calle con un par de casas, un lodge y un par de cabañitas salpicadas a orillas del lago yelcho. La vista de nuestro patio trasero esa noche incluía al ventisquero yelcho. Esa zona es ideal para amantes de la pesca.
Los siguientes días, y con un tubo de escape por el suelo y la parrilla de la Chirimoya en estado de ebriedad, tomamos un desvío hacia el este y los pasamos en Futaleufú, ciudad fronteriza con Argentina, bellísima y con un gran desarrollo urbano.

DSC_0457Llegando a Futaleufú

Los vientos pre cordilleranos me obligaron a sumar dos capas de ropa a mi alma, que a esas alturas, ya estaba por parecerse a una cebolla. En futa curamos las primeras heridas de nuestra guerrera Chirimoya y estacionamos a orillas del lago espejo que nos atrapó por 3 noches.
Al cuarto día salimos otra vez a la ruta 7 para seguir conquistando el sur. Aquel día le dijimos adiós a la región de los lagos, sin saber que los paisajes que estaban por venir, eran cada vez más amplios, infinitos y hermosos. Una región nueva para mí. Cada día una nueva sorpresa y un nuevo sueño cumplido. Dormimos en el camping los avellanos, casi llegando a la junta.

CSC_1147Parque Nacional Queulat

Días después los pasamos en el parque nacional Queulat, donde hicimos un sendero maravilloso por un bosque en subida que te lleva al mirador más cercano al famoso ventisquero colgante queulat. De ese balcón de hielo nace una cascada que cae con fuerza a un río color verde lechoso, producto de los sedimentos minerales del glaciar. La vista eriza hasta las pieles más insensibles y desencaja la mandíbula de los viajeros más experimentados. Es alucinante!! Recomiendo hacer la caminata larga y no conformarte con la vista que brinda el mirador más cercano. Mientras más lejos vayas, más de cerca tendrás el ventisquero y si tienes suerte, podrás apreciar el estruendoso sonido que producen los desprendimientos de hielo.
La entrada al parque queulat se paga independiente del camping que salía 10.000 la noche por persona. Poco conveniente para mochileros en carpa y con bajo presupuesto. Lo que nosotros hicimos junto a Caro y Rodrigo, unos viajeros argentinos en moto, fue camuflarnos en el bosque justo antes de la entrada al parque, metros previos a la portería donde te cobran. La humedad y mosquitos son bravos. Prepárate también con la comida y agua ya que no hay lugares cercanos donde abastecerse.
La improvisación y no planificación dieron lugar a un nuevo desvío y salida de ruta. Sí, ya sé que este post está dedicado a la carretera austral, pero no puedo dejar de mencionar -y recomendar- Puerto Cisnes. Una pequeña y tranquila ciudad que se enfrenta a la enorme isla magdalena.
Los días siguientes los pasamos en Coyhaique, hermosa ciudad, rodeada de imponentes montañas y valles que sólo pueden apreciarse en ciudades sin edificios. La salida de Coyhaique hacia el sur regala unas vistas increíbles. Pasamos por Balmaceda, donde hicimos noche. La más ventosa y fría hasta ahora. En medio de un caserío rodeado por un aeropuerto perdido en medio de la vastedad de un terreno inhóspito propio de la pampa patagónica que comparte con tierras vecinas.
Lo que está por venir es el extremo sur y final de la famosa carretera austral y sin duda, la parte más linda y fotogénica: el espectacular cerro castillo con sus esculpidas montañas; la entrada al lago más grande de Chile y el segundo en tamaño de Sudamérica después del Titicaca: el lago general carrera con sus caprichosas capillas de mármol, que exploramos por fuera y por dentro gracias a los chicos de Súbase Guachita desde Puerto Río Tranquilo. Desde ahí tomamos un desvío al oeste que es hasta ahora, el camino más bello que hemos transitado en estos dos meses y medio de viaje: el camino que va hacia el glaciar exploradores, llenos de cascadas, con lagos color turquesa como el lago tranquilo y de color esmeralda como el lago Bayo.

DSC_0464Cascada la nutria, rumbo al glaciar exploradores

Camino que conocimos gracias a Daniela, seguidora de la Brújula que se acercó a saludarme en Puerto Río tranquilo. Gracias Dani :) Nos quedó pendiente volver a ese lugar para hacer la caminata por el glaciar mismo, paseo que, quienes lo han hecho, quedan alucinados.
Y si de desvíos se trata, éste es tal vez el más escénico, sinuoso y a su vez peligroso. El camino que va hacia Chile Chico. Las vistas son impresionantes. Casi al llegar a Chile chico pasas por laguna verde, lugar donde hay una mina de oro y unos colores como si de un caribe extraviado en Patagonia se tratara.

DSC_0497Laguna Verde, casi llegando a Chile Chico

Alineados una vez más con la ruta 7, bajamos hasta Cochrane y desde ahí nos fuimos a un rincón de este fragmentado mapa que soñaba hace rato conocer: la singular Caleta Tortel. Una preciosísima localidad donde sus calles son pasarelas de madera. Donde transitan sólo peatones por una costanera principal que cuenta con plazas, una enorme municipalidad, un colegio como sacado de un libro de cuentos, y muchos miradores que brindan vistas sublimes de una bahía bañada por aguas verdes provenientes del río más caudaloso de Chile: el Baker.

DSC_0093Las orillas del Baker nos acogieron por 3 noches. Este increíble spot está a 2 kilómetros del estacionamiento de caleta tortel 😉

Caleta tortel es un sueño aunque nunca hayas soñado conocerla. A este bello rincón puedes llegar en auto. Lo dejas en la entrada donde hay un estacionamiento y desde ahí, a caminar se ha dicho. Ciclistas, mochileros con carpa y overlanders (viajeros en casas rodantes- combis- motos) recomiendo acampar 2 kilómetros y medio antes de llegar al estacionamiento, a orillas del río Baker. El lugar es maravilloso, amplio, y rodeado de vegetación. También se habla del sector playa ancha en la misma bahía de caleta tortel, donde según dicen, se puede acampar gratis también, ideal para quienes anden solos y ligeros de equipaje.

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DSC_0151Ambas fotos: Caleta Tortel

Desde Caleta tortel el camino sigue hasta Puerto Yungay. Ahí tienes dos opciones:
– Tomar un ferry gratuito que te cruza a Río Bravo y desde ahí transitar los últimos 100 km de la carretera austral que finaliza en Villa O´higgins.
– Tomar el transbordador de Austral Broom (tabsa.cl) a Puerto Natales que vale 40.000 pesos por persona y dura 41 horas e incluye todas las comidas. Los medios de transporte se pagan aparte. Automóviles pagan 12.000 pesos el metro. Embarcarse con una furgoneta como la Chirimoya sale aprox. 60.000 pesos. Lamentablemente, este viaje vale el triple si eres extranjero. Razón por la cual muchos cruzan a Argentina para así poder llegar al fin del mundo.
Nosotros optamos por la segunda opción. Pero esa maravillosa travesía es otra historia de la que escribiré en otro post!!

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